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"EL ALZHEIMER ES MÁS COMÚN DE LO QUE SE CREE Y MÁS TRATABLE DE LO QUE SE PIENSA".

   Significativos avances ha aportado la ciencia médica en los últimos años acerca de la terapéutica de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.
Describiremos aquí, en forma resumida, una visión global de los medicamentos comúnmente utilizados en estos síndromes, en particular aquellos que presentan clara evidencia médica de su eficacia demostrada en ensayos clínicos controlados.

   Clásicamente se dividen en dos grupos, aquellos con efecto mayoritario sobre los trastornos cognitivos y, por otra parte, los destinados a tratar síntomas conductuales. Casi la totalidad de los pacientes podrán recibir en algún estadio de su evolución, fármacos de ambos grupos.

   Diremos ahora que los síntomas conductuales serios suelen ser tardíos en la evolución de la enfermedad (agresividad, alucinaciones, vagabundeo, desinhibición, delirio, etc.) aunque síntomas leves como la ansiedad, apatía o depresión pueden ser  vistos en los primeros meses o años de la historia de la enfermedad.

   A pesar de su eficacia, ciertos expertos tienen opiniones contrarias a la utilización de alguno de estos fármacos y todos, sin excepción, presentan efectos indeseables o colaterales. Si bien en ocasiones son irrelevantes o pasajeros, en otras son de importancia y obligan a la disminución de la dosis, o a su reemplazo por otra droga.

Para los síntomas cognitivos

    Los fármacos anticolinesterásicos: Rivastigmina, Donepecilo y Galantamina. Los tres se ubican o conforman el grupo de los inhibidores de la acetilcolinesterasa, enzima que degrada metabólicamente a la acetilcolina. Su efecto es, por lo tanto, aumentar la cantidad o disponibilidad en el cerebro de este neurotransmisor por medio del cual las neuronas se comunican unas con otras. La acetilcolina es responsable de procesos de memoria, atención y aprendizaje. El déficit colinérgico (falta de este neurotransmisor) es una característica particular de la enfermedad de Alzheimer.

    Memantina: Es un fármaco modulador del glutamato, metabolito responsable en el cerebro de la neurotransmisión glutamatérgica (excitatoria). Su alteración conduce al fenómeno de excitotoxicidad por estimulación excesiva de los receptores NMDA con entrada masiva de calcio intracelular. La memantina lo contrarresta bloqueando dicha entrada y evitando así el daño neuronal.

Para los síntomas conductuales

    Fármacos antidepresivos: De utilización frecuente en estos pacientes ya que la depresión no sólo es muy común sino que agrava los otros síntomas básicos del síndrome demencial al tiempo que complica la realización de las actividades de la vida diaria.
   Se utilizan los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina –otro neurotransmisor-): sertralina, paroxetina, citalopram, escitalopram. Son preferibles debido a su menor nivel de efectos secundarios. También se utilizan los tricíclicos como la nortriptilina o la mirtazapina o la venlafaxina que integran otros grupos químicos.

    Fármacos neurolépticos o antipsicóticos: Nombraremos aquí entre los “atípicos” a la risperidona: en general es bien tolerado ya que a las dosis recomendadas no disminuye el alerta ni provoca parkinsonismo u otros trastornos del movimiento.
   La quetiapina y la olanzapina son otros antipsicóticos frecuentemente utilizados y de perfil farmacológico parecido a la anterior. En casos especiales pueden utilizarse el haloperidol, la clozapina, la tioridazina o incluso algunos neuroprotectores o estabilizadores como el ácido valproico que, aunque no es una antipsicótico, puede considerarse de utilidad en el control de ciertos trastornos de conducta como la agitación o la agresividad.

ADEMÁS DE LOS MEDICAMENTOS, ¿HAY OTRAS MEDIDAS TERAPEÚTICAS QUE HAN DE PONERSE EN PRÁCTICA?

   Sin la menor duda. Una persona con Alzheimer requiere una atención individualizada y continua desde el momento en que se establece el diagnóstico. En poco tiempo, un miembro de la familia habrá de dedicarse de manera prácticamente exclusiva a su cuidado y supervisión.

   Es una enfermedad del cerebro y de la persona, que se convierte en una enfermedad del núcleo familiar y, por tanto, de la comunidad. Se entiende entonces que la atención a las personas con esta enfermedad sólo puede ser eficaz bajo el diseño de un modelo de asistencia socio-sanitaria que integre y coordine debidamente los recursos sociales y los servicios socio-sanitarios. La asistencia en las necesidades básicas de la vida diaria, la asistencia al núcleo familiar y la liberación de su sobrecarga, la asesoría jurídica social y médica y la facilitación de un apoyo a las familias, la información veraz, continua e inteligible a las familias y a la sociedad en general, la formación adecuada del cuidador informal, el cuidado del cuidador son puntos cruciales de una adecuada asistencia que tiene como fin principal el mantenimiento del enfermo el mayor tiempo posible en el entorno familiar con la mejor calidad.

   El centro de día terapéutico se presenta así como un entorno apropiado para hacer frente al desafío que la enfermedad plantea en su triple vertiente de atención al enfermo, a su familia y a la comunidad. Para la sociedad y la comunidad, el centro de día puede ser un vehículo y fuente de información y formación; además, facilitará la coordinación y racionalización del uso de recursos sociales y sanitarios rentabilizándolos y disminuyendo indirectamente los costos acarreados.

   El beneficio para la familia se concreta no sólo en la liberación de la sobrecarga que supone el cuidado de una persona con demencia sino que, además, el equipo de día aportará información, formación, asesoría y apoyo emocional, previniendo el desmoronamiento del cuidador informal y disminuyendo el riesgo de fragmentación del núcleo familiar.

   El propio enfermo, usuario del centro de día, obtendrá los beneficios que pueda aportar la aplicación de un adecuado programa de intervención que integre la estimulación de las funciones cognitivas superiores, el entrenamiento en las actividades básicas de la vida diaria y la estimulación psicomotriz. La vigilancia diaria permitirá detectar precozmente y tratar las complicaciones asociadas al proceso. Además, facilitará la aplicación de cuidados y medidas de salud general. La asistencia continuada al centro de día fomentará también, mediante un programa adecuado, la interacción social y la afectividad.

   El tejido cerebral responde a la enfermedad con dispositivos de defensa extraordinariamente dinámicos en los que se suceden mecanismos como la reparación de las membranas neuronales, la regeneración de las fibras nerviosas, el establecimiento de nuevas conexiones interneuronales y otros procesos. Es lo que se conoce como "neuroplasticidad", un proceso que tiene ya lugar en condiciones normales de salud cuando el cerebro se forma en el feto y se desarrolla en el niño y en el adolescente, que se mantiene permanentemente activado cuando el cerebro se adapta a los cambios relacionados con la edad y toma una particular relevancia en condiciones de enfermedad, como ocurre en el Alzheimer. Es fácil hipotetizar que, en estas condiciones, cualquier maniobra que suponga una activación o la puesta en marcha de un determinado grupo de neuronas, de un circuito neuronal de una zona concreta del cerebro, probablemente facilitará y potenciará esos mecanismos de neuroplasticidad.

   En los últimos años, los profesionales de la neuropsicología intervencionista han desarrollado programas de estimulación, psicoestimulación, con el fin de potenciar y "manipular" los procesos de neuroplasticidad y obtener así una acción rehabilitadora.

   Se han desarrollado programas de psicoestimulación integral que, sobre la base de un modelo teórico específico, combinan las técnicas de psicoestimulación cognitiva, estimulación ambiental y tratamientos conductuales, que incluyen talleres de estimulación cognitiva, psicoexpresión, entrenamiento y re-educación de actividades de la vida diaria, talleres ocupacionales y programas de socialización.

   Es fácil concluir, por tanto, que el centro de día se convierte en el entorno más apropiado para la implantación de este tipo de programas. La persona que sufre Alzheimer y sus familiares precisan un recurso específico que sirva de apoyo, represente una alternativa a la institucionalización permanente y aporte un cuidado y atención global incluyendo los aspectos terapéuticos.

   La atención a estos pacientes debería estar dirigida y coordinada por un equipo de profesionales que incluya médicos (neurólogo, psiquiatra, geriatra), psicólogos clínicos, auxiliares de geriatría, neuropsicólogos, profesionales de la enfermería, trabajadores y terapeutas sociales integrados en unidades de diagnóstico y tratamiento. Estas unidades son fundamentales para el apoyo a los equipos de atención primaria y en la coordinación y aprovechamiento adecuado de los recursos socio-sanitarios disponibles.

Tratamientos Alzheimer

 

 

 

 

 

 

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Fuente: Alzheimer's Disease International
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